Yo tenía treinta años cuando conocí a Clau y a Luis. Nos encontramos después de varias semanas de conversaciones por internet. Ellos vivían cerca de Bogotá y aprovecharon un viaje para proponerme un café.

Lo que parecía una reunión entre desconocidos terminó convirtiéndose en uno de esos recuerdos que el tiempo nunca consigue borrar. Con Luis conecté de inmediato. Con Clau ocurrió algo diferente. Había una química silenciosa que aparecía en las miradas mucho antes que en las palabras.

En un momento ella fue al baño, Luis se inclinó hacia mí y dijo con absoluta naturalidad:

—Ve detrás de ella. ¡Le gustaste!

¿Perdon? No me moví, no porque no quisiera acercarme a Clau, simplemente no quería seguir el libreto escrito por otro hombre. Si algo iba a ocurrir, prefería que naciera de manera espontánea.

Cuando ella regresó, ocupó el asiento a mi lado. Conversamos unos minutos más y la despedida terminó con un beso inesperado y un pequeño papel doblado entre mis manos. Era su número.

Días después la llamé, su alegría fue evidente desde el primer instante, sin rodeos me invitó a conocer su casa. Acepté.

Ese día lo que encontré allí rompió muchas de las ideas que tenía sobre las relaciones. Luis abrió la puerta y me recibió con una tranquilidad que todavía recuerdo. Clau me esperaba en la sala. Durante toda la noche él estuvo pendiente de cada detalle: la cena, las bebidas, cualquier cosa que pudiera hacer más agradable nuestra visita, nadie parecía actuar.

Aquello simplemente era la forma en que ellos habían decidido vivir.

Esa noche ella me invito a la habitación y él muy sumiso agarró el camino al cuarto de servicio. Dentro de la habitación sucedió de todo, sexo, deseo, lujuria.

Me dio sed a la madrugada, iba a ir a tomar algo y ella me dijo, háblale a Luis, es función de él, lo puse a prueba y lo hizo, tenia mi bebida fría en la mesa de noche.

Al otro día muy temprano. Servicio a la habitación con el desayuno (iniciativa de él)

Al otro día debía regresar a mi casa, el se ofreció a llevarme, durante todo el trayecto ni una sola palabra, únicamente al bajarme y cerrar la puerta el dijo:

“Gracias, la ama está feliz y yo estoy a sus órdenes, lo que usted deseé o necesite no dude en decírmelo, este es mi número cuando quiera”

Con el paso de los meses regresé varias veces.

Las cenas dieron paso a viajes, asados y largas conversaciones que terminaron convirtiendo aquella casa en un lugar familiar.

Lo que más me sorprendía no era la dinámica entre Clau y yo. Era observar a Luis, había momentos en los que bastaba una mirada para notar que estaba viviendo exactamente la vida que había elegido.

Cuckold News - Créditos a MadePorn
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Un día le pregunté a Clau si ella también lo veía, sonrió.

—Él es feliz así, no hizo falta decir nada más.

Aquella historia duró casi un año.

Después llegó una oportunidad laboral que los llevó a otro país, nos prometimos mantener el contacto, lo intentamos durante algún tiempo, pero la distancia tiene una forma muy silenciosa de cerrar capítulos sin necesidad de escribir un final.

A veces me pregunto qué habrá sido de ellos no con nostalgia, con gratitud. Porque en aquella casa comprendí que las personas no siempre aman de la manera que otros esperan y que entenderlas resulta mucho más interesante que juzgarlas.

Esta fue la primera historia y también la primera vez que descubrí que la realidad puede ser mucho más compleja que cualquier fantasía.

Con el tiempo entendí que los recuerdos no siempre vuelven para despertar deseo. A veces regresan para enseñarnos quiénes fuimos.

Relato de

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